Cómo purificar el cuerpo con la dieta Detox

Estamos rodeados de miles de sustancias químicas con distintos grados de toxicidad y muchas de ellas se depositan en las células del organismo. Descubra un nuevo método para librarse de las toxinas.

Hoy en día hay más de 30.000 sustancias químicas en el medio ambiente. Muchas de ellas son tóxicas y se encuentran en el agua potable, el aire, los alimentos, los cosméticos y los productos de la limpieza. Esas sustancias nocivas entran en el organismo a través del tracto digestivo, los pulmones y la piel y se acumulan en las células de nuestro cuerpo.

Si el organismo no es capaz de desecharlas en sus procesos de desintoxicación naturales, pueden causar gran malestar e incluso serias enfermedades. Por los posibles daños y molestias que pueden provocar, es razonable y preciso eliminar esas toxinas regularmente de nuestro cuerpo. Un método relativamente nuevo y muy prometedor es la dieta “Detox», también conocida por el nombre de “Detoxing”.

Los peligros de la alimentación

En primer lugar, es conveniente plantearse la cuestión del origen y el efecto de estas sustancias tóxicas que perjudican nuestra salud, es decir, de averiguar de qué se trata exactamente y dónde se encuentran. Empecemos con los alimentos. El agua potable puede contener nitrosaminas, que son compuestos de nitrógeno capaces de causar inflamaciones en la cavidad bucal, así como tos irritativa crónica y en grandes dosis son demostrablemente cancerígenas.

El consumo excesivo de bebidas alcohólicas, como se sabe, también tiene un efecto negativo para el organismo. El alcohol es un veneno celular, que incluso en cantidades tan pequeñas como un vaso de vino o una botella de cerveza al día, puede causar daños a las células del hígado. También los golosos y los adictos al chocolate corren peligro de perjudicar su salud, pues el azúcar en grandes cantidades no sólo produce indigestión y molestias abdominales, sino que además puede causar graves enfermedades del intestino. Si se tiene en cuenta, que el consumo per cápita de azúcar es de un promedio de 30 kilogramos al año, la probabilidad de desarrollar una enfermedad de ese tipo es muy alta para todos nosotros.

Otro importante factor nocivo de la alimentación que hay que tener en cuenta, son las pesticidas utilizadas en grandes cantidades en la agricultura. Esas sustancias venenosas destinadas al control de plagas pueden penetrar en los alimentos y desde ahí tienen vía libre a nuestro cuerpo. Frecuentemente se trata de neurotoxinas capaces de causar grandes trastornos en nuestro sistema hormonal. En este contexto tampoco se debe olvidar que muchas veces se descubren sustancias tóxicas en los alimentos, que no deberían estar presentes y que, de hecho, en muchos casos están prohibidas. Luego están también las sustancias perjudiciales que surgen a causa de una preparación inadecuada de los alimentos, como, por ejemplo, la acrilamida en las patatas fritas.

Los medicamentos, que en su principal función son una ayuda para combatir enfermedades, pueden, sin embargo, tener efectos secundarios y a su vez dañar las células del organismo. En términos generales se puede constatar que casi todas las medicinas tienen un impacto más o menos nocivo sobre el hígado.

El grupo más peligroso de sustancias tóxicas e indeseables son los metales pesados, como el plomo, los metales ligeros, como el aluminio, y los semi-metales, como el antimonio, que se encuentra en las botellas de plástico. El organismo humano no es capaz de desechar estas sustancias, que se depositan sobre todo en el hígado, los riñones, el páncreas, el intestino y a veces también en la piel, el tejido adiposo, la médula ósea, el tejido nervioso y últimamente en el cerebro.

¿Respirar hondo? Mejor dejarlo

No hay que subestimar tampoco el peligro de las sustancias contaminantes que penetran en los pulmones a través de la respiración. En este grupo, por supuesto, hay que mencionar en primer lugar el humo del tabaco. Curiosamente la nicotina no ocupa el primer puesto en la escala de los posibles peligros del tabaco, indudablemente daña el sistema cardiovascular, pero son los otros componentes del humo los que nos deberían poner los pelos de punta. El humo de un solo cigarrillo contiene 4.800 sustancias químicas y muchas de ellas, tales como el alquitrán, el cromo, el plomo, el arsénico y el cianuro, son altamente tóxicas.

Pero tampoco los no fumadores se libran, y no se trata solamente del humo de segunda mano, sino del gran número de peligrosas sustancias aerotransportadas que se encuentran en el polvo ambiental. Estas partículas microscópicas pueden reducir la capacidad pulmonar incluso en concentraciones relativamente bajas. Los perjuicios para la salud, especialmente de las vías respiratorias, a causa del aumento del nivel de ozono tampoco se pueden clasificar como inofensivos. Este gas penetra en los pulmones y provoca alergias y enfermedades respiratorias crónicas.

El moho también es un factor de riesgo y no únicamente en su forma más  visible, cuando se extiende en los alimentos y forma una capa de pelusa grisácea, sino también cuando se instala, a veces de manera invisible, en los muros y paredes de casas y viviendas, donde sin ser conscientes de ello lo inhalamos continuamente. Se estima que aproximadamente el diez por ciento de los hogares están afectados. Las esporas de este hongo se adhieren a las células pulmonares y además de debilitar el sistema inmunitario causan alergias, problemas respiratorios y bronquitis.

Los productos cosméticos en su mayoría también contienen ingredientes cuestionables, tales como el ácido bórico, una toxina celular que se acumula en el organismo. Mucho más peligrosos de lo que generalmente se supone son también los detergentes y los productos de limpieza del hogar. Lo que nos ayuda a eliminar bacterias y dar brillo a la cocina y al baño, contienen muchas veces cloro, un elemento químico que irrita la piel y daña los pulmones.

El cuerpo se rinde…

Por lo general, el cuerpo humano tiene un buen sistema de desintoxicación y consigue desechar muchas toxinas a través del metabolismo y del trabajo continuo de órganos como el hígado, el intestino y los riñones. La función del hígado es especialmente importante en la lucha defensiva del organismo. Este órgano glandular, en gran parte responsable de la digestión y la absorción de nutrientes, filtra sustancias indeseadas de la circulación sanguínea del aparato digestivo. El intestino, a su vez, organiza la defensa contra agentes patógenos y salta la alarma cuando encuentra toxinas. Los riñones finalmente limpian el agua de la sangre y filtran de ahí las sustancias toxicas.

Si, sin embargo, la cantidad de toxinas presentes exceden las capacidades de los órganos responsables de la desintoxicación del organismo, estas sustancias nocivas se van acumulando en las células del cuerpo y dependiendo de su grado de concentración, pueden causar más o menos daño. Al principio la presencia de agentes contaminantes no suele causar molestias, pero al cabo de los años empiezan a mostrarse los primeros síntomas.

Cuando el organismo intenta expulsar grandes cantidades de toxinas lo más rápido posible, esos procesos de desintoxicación se manifiestan a través de fuerte sudoración, nauseas, diarrea, tos irritativa y fiebre. En casos más leves experimentamos dolores de cabeza, fatiga o impurezas de la piel.

En el momento que notemos ese tipo de molestias, deberíamos considerar ayudar activamente a nuestro cuerpo, para mejorar su purificación y apoyar sus procesos metabólicos de desintoxicación. Lo ideal es hacerlo dos veces al año. En este contexto cabe señalar que los ayunos terapéuticos, que principalmente sirven para eliminar productos de desecho, no son el método adecuado para librar al organismo de toxinas. Mucho más efectiva es la dieta “Detox”, como ya lo indica su nombre: esta palabra inglesa significa “desintoxicar” o “eliminar sustancias tóxicas”.

Detox puede ser la solución

La cura dietética Detox promete aliviar la fatiga crónica y los dolores de cabeza, regular la presión arterial y la circulación, mejorar las alergias y los problemas de la piel y del cabello. Al mismo tiempo fortalece el sistema inmunitario y reduce así el riesgo de infecciones y resfriados. Los dos pilares de este método son la alimentación saludable y el ejercicio. Si parece un sistema sencillo, es porque realmente lo es.

La primera regla de la dieta Detox es beber suficiente líquido, como mínimo se recomiendan dos litros diarios. Naturalmente el alcohol y las bebidas azucaradas están prohibidos, lo ideal es tomar agua, infusiones o zumos de fruta sin azúcar. La buena hidratación activa el trabajo de los riñones, lo que potencia la filtración y eliminación de toxinas.

En cuanto a la alimentación hay que procurar ingerir menos sustancias nocivas con la comida. Eso se puede conseguir absteniéndose de comer carne y otras proteínas animales, evitando las harinas blancas, el almidón, el azúcar, los productos de bollería y las frituras. Tampoco se deben consumir alimentos enlatados, congelados o con conservantes. Están permitidos todos los tipos de cereales integrales, de frutas y verduras frescas, mientras que sean de cultivo ecológico. Así el organismo recibirá suficientes vitaminas y micronutrientes, lo que garantiza una digestión más sana, un factor muy importante para movilizar la desintoxicación del aparato digestivo y del intestino.

Combine la dieta y el deporte

El ejercicio físico es un elemento esencial de la dieta Detox. Se recomienda un mínimo de media hora de deporte al día, preferentemente al aire libre, con el fin de incrementar la circulación sanguínea, el metabolismo y el sistema linfático para impulsar y activar los procesos de desintoxicación. Además se deben airear intensamente las habitaciones de estancia, en el hogar y en la oficina, para reducir al mínimo la exposición al moho. Por supuesto, también es absolutamente necesario abstenerse de fumar y evitar el humo de segunda mano.

Es aconsejable dormir y descansar lo suficiente, el yoga, los masajes y las visitas a la sauna, también benefician y aceleran la desintoxicación. Para la dieta Detox se han desarrollado específicos ejercicios de yoga, que son fáciles de aprender y estimulan el suministro de oxigeno a la sangre y mejoran así el  riego sanguíneo de los órganos de desintoxicación, sobre todo del hígado. Dado que la piel juega un papel muy importante en los procesos de desintoxicación, los estímulos mecánicos de un masaje o de un drenaje linfático son muy efectivos para la eliminación de toxinas. Las visitas a la sauna también son muy útiles en ese aspecto ya que aligeran la expulsión de sustancias tóxicas a través del sudor.

Los métodos de la dieta Detox han encontrado un nicho lucrativo en el mercado de los establecimientos de nutrición y dietética, de los centros deportivos y los spas. En este sector se ofrecen curas de desintoxicación, con programas de deporte y nutrición hechos a medida. La industria de la belleza también ha desarrollado productos cosméticos que se ajustan a las reglas de este método y en los centros de nutrición especializados se encuentran infusiones y suplementos alimenticios bajo este nombre.

Una dieta de Detox puede durar entre una y ocho semanas, pero generalmente se recomiendan periodos de dos a cuatro semanas. Esta dieta no tiene efectos secundarios y se puede prolongar sin crear riesgos para la salud. Al principio de la dieta, en la fase de adaptación, se puede tener una sensación de hambre y de sed, en algunos casos se  experimentan ligeros dolores de cabeza, sudoración, hinchazón o diarrea. En pocos días estos síntomas desparecen por si solos. Esta dieta no es adecuada para personas con insuficiencia renal, y no se aconseja en casos de infecciones agudas, como, por ejemplo, una gripe.

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