¡Mi ángel de la guarda me ha ayudado!

A pesar de que la existencia de los mensajeros celestiales se cuestiona, para muchas personas estos seres alados son reales. Y no son pocos, los que están convencidos de que su ángel de la guarda en algún momento les salvó la vida.

Manuel escribe desde Soria: “Fue un día muy caluroso de julio, cuando me monté en mi moto con gran ilusión, por poder por fin hacer un pequeño viaje, que había planeado hace tiempo. Había elegido una ruta especialmente atractiva y pintoresca, que me llevaría a lo largo de sinuosos caminos, a través de campos y bosques hacia mi meta designada. Incluso con el casco puesto podía apreciar el cálido aire veraniego, lleno del aroma de los árboles y pastos. Era uno de esos días tan especiales, en los que se siente intensamente la libertad ilimitada que ofrece un viaje en moto.

Todo parecía perfecto hasta que atravesé un pedazo de bosque muy oscuro y no vi a tiempo la mancha negra en el camino delante de mí. Era un charco de aceite y no tuve tiempo de reaccionar. A la velocidad que iba y en condiciones normales la curva no me hubiese afectado, pero así me resbalé y salí volando con mi moto hacia el bosque. En esa situación, si me hubiera estrellado con un árbol, no habría sobrevivido. Pero tuve la gran suerte de caer milagrosamente en un pequeño estanque y quedé completamente ileso. Desde entonces, estoy convencido de que hay ángeles de la guarda.”

Esta es una de las experiencias que nos han relatado nuestros lectores y que sugieren que los ángeles custodios existen realmente. En casi todas las religiones mundiales se conocen estos mensajeros alados, cuyo deber es protegernos del mal. A pesar de las diferentes ideas que hay en cada cultura sobre estos seres superiores, todas coinciden en que tienen poderes especiales y nos ayudan cuando nos metemos en apuros o cuando hay peligro.

Rescate del mal

Nacho describe así su experiencia en Castejón de Sos: “Soy un ávido parapente y un día de otoño con muy buenas condiciones de viento, me lancé desde una montaña cercana. Al principio todo iba perfectamente, me sentía ligero y feliz y podía disfrutar plenamente de la hermosa vista. A la hora de aterrizar, sin embargo, el viento de repente cambió de dirección y me llevó mucho más lejos de lo previsto. Tan lejos, que sin poder evitarlo me acercaba más y más a una línea de alta tensión que cruzaba el valle. A pesar de todos mis esfuerzos, a causa del fuerte viento no era capaz de corregir el rumbo. Cuando ya me veía casi chocando con la línea, de pronto el viento cambió de nuevo y me lanzó hacia un árbol cercano, del que me pude librar. En ese momento me sentí como si hubiese nacido de nuevo. Apuesto a que fue mi ángel de la guarda el que me salvó la vida.”

Se dice que los mensajeros celestes sólo intervienen para protegernos, si el plan divino así lo dispone. Por lo tanto, es posible que nos dejen hacer malas experiencias y no eviten ciertas desgracias. Eso lo hacen, cuando se trata de incidentes, que son necesarios para nuestro desarrollo emocional y espiritual.

Protectores ante el peligro

Carolina de Albacete está segura que debe su salud a su ángel custodio. “Un invierno tenía planes para pasar el fin de semana esquiando con unas amigas. La noche antes de emprender el viaje caí enferma con un fuerte resfriado. Como a la mañana siguiente todavía me sentía muy mal, decidí avisar a mis amigas, cancelar el viaje y quedarme en la cama. Entonces pasó algo espantoso. Mis amigas iban de camino hacia la destinada estación de esquí, cuando chocaron en la carretera con otro vehículo que se había salido de su carril. A consecuencia del choque mis amigas sufrieron graves lesiones. Estoy segura que fue mi ángel de la guarda el que me detuvo en casa y me libró de ese accidente.”

Una y otra vez hay reportajes en los medios de comunicación que describen accidentes espectaculares, en los cuales los afectados han sobrevivido milagrosamente y casi sin lesiones. Un paracaídas no se abre, pero el paracaidista aterriza sin hacerse nada. A alguien le pilla un rayo y aparte de unas leves quemaduras no muestra ninguna lesión. Otra persona se cae desde un quinto piso y no se hace ni un arañazo. ¿Es todo eso una coincidencia? ¿Es simplemente buena suerte? ¿O quizás la obra de un ángel de la guarda? Los mensajeros celestes raramente se dan a conocer, pero parece que en secreto actúan con gran diligencia a nuestro favor.

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