Hay que ser conscientes de que nuestra vida actual está determinada por los acontecimientos que pueden datar de hace siglos y que sólo conoce nuestro alma.
El término “karma” se suele utilizar como sinónimo de destino, o sea, para nombrar un camino inevitable e ineludible que determina nuestra vida. Pero eso no es completamente correcto, ya que el karma, al contrario del destino, no es algo que nos sucede exclusivamente en esta vida y que puede ser incluso de origen divino. El karma parte del hecho de la evolución y de la reencarnación e incluye todas nuestras vidas y nuestras obras desde el principio de nuestra existencia.
Es un concepto espiritual y para comprenderlo hay que conocer la doctrina de la reencarnación. Esta doctrina proviene del budismo y del hinduismo y afirma que tenemos un alma inmortal que vuelve a renacer una y otra vez en distintos cuerpos. Así podemos reparar los daños que causamos en existencias previas y aprender cosas que no habíamos conseguido comprender en nuestras vidas anteriores. El karma nos obliga a reencarnar hasta que hemos resuelto los problemas que nosotros mismos hemos creado. Somos responsables de nuestro propio karma y disponemos de libre albedrío y también de libertad de elección.
Todas nuestras relaciones personales, sin importar de qué tipo sean, siempre son kármicas. Es muy probable que en distintas encarnaciones nos crucemos con almas con las que en otras vidas tuvimos un vínculo emocional muy fuerte y que nos acompañan a través del tiempo.
Dado que nuestra apariencia física cambia de una vida a la siguiente, frecuentemente no somos capaces de reconocernos mutuamente, pero la conexión emocional es palpable y actúa en el subconsciente. Prueba de ello es que en casi todas las relaciones hay problemas por resolver que se han ido acumulando a través de las encarnaciones anteriores.
Los recuerdos del alma
La vida no es un largo río tranquilo, sino un viaje en montaña rusa con altibajos emocionales y gran vaivén. En el sentido kármico las parejas de amantes que se vuelven a encontrar pueden ser excepcionalmente felices en el amor y experimentar inmenso placer, ya que la pasión que sintieron en vidas anteriores se va intensificando con cada existencia. Al mismo tiempo también puede haber parejas que tengan que volver a sufrir el dolor emocional que se causaron en otras vidas, sobre todo si de una encarnación a la próxima no consiguieron resolver los conflictos, ni fueron capaces de superar las lesiones.
Muy pocas personas son conscientes de que el promotor de ese comportamiento es la fuerza determinante del karma. La ley del karma se basa en la retribución, la causa y el efecto, para cada acción hay una reacción. El que haya herido a una persona en una vida anterior, será herido del mismo modo en su próxima existencia.
A pesar de que la gran mayoría de nosotros no dispone de un recuerdo consciente de las vidas anteriores, en el alma se concentran todas nuestras experiencias y hechos del pasado, y así todo lo vivido pasa de una existencia a la próxima. Y eso precisamente puede orientarnos y darnos gran ayuda para romper la cadena kármica.
El alma ha sido testigo de todos nuestros actos en vidas previas y si conseguimos recordar esos hechos en nuestra vida actual, podremos asumir la responsabilidad de los acontecimientos y los traspasos cometidos. El karma se puede convertir en un factor determinante de nuestra vida actual, si dejamos que las cosas sucedan y no prestamos atención a sus leyes. Si reconocemos, sin embargo, que todo lo que nos ocurre en esta vida lo hemos causado nosotros mismos en algún momento de nuestras existencias anteriores, podremos cambiar nuestro karma y determinar nuestro propio destino.
Viajes a vidas anteriores
Todos deseamos ser felices, pero no sabemos qué es lo que tenemos que hacer para conseguirlo. Muchas veces suceden imprevistos y fatalidades que destruyen o ponen fin a nuestros planes y nos preguntamos por qué esas cosas nos tienen que pasar precisamente a nosotros. Si suponemos, sin embargo, que se trata de condiciones determinadas por nuestro karma, entonces es posible encontrar algún sentido en los eventos, que de lo contrario podrían parecer arbitrarios.
La cadena kármica se puede romper, pero primero hay que reconocerla como tal y ser conscientes de que se trata de un círculo vicioso proveniente de nuestras existencias previas. Cada uno de nosotros tiene la posibilidad de deshacer la cadena que le ata a los acontecimientos de vidas pasadas, siempre que esté dispuesto a tomar su destino en sus propias manos.
Sería ideal disponer de un guía o de una técnica que nos ayudara a recordar nuestras vidas pasadas, y así nos capacitara para resolver los conflictos que determinan las condiciones de nuestra vida actual y de nuestras relaciones sentimentales. Un método muy útil es “la terapia de regresión”, que nos permite viajar a través del tiempo y visitar las situaciones conflictivas de nuestras existencias anteriores. Para someterse a este tipo de tratamiento deberá consultar a un terapeuta especializado en terapia regresiva y, sin duda, se sorprenderá de lo mucho que aprenderá sobre sí mimo y sobre las causas y razones detrás de los deseos y acciones de su vida actual.
A través de este método es posible revelar la profunda conexión que nos une a otras personas y así, por fin, podremos librarnos de la carga emocional asociada con los eventos de las vidas anteriores. Veremos nuestro comportamiento desde una perspectiva nueva, que nos ayudará a desbloquear las barreras entre el inconsciente y la consciencia y así superaremos nuestros miedos.